Cuando un autónomo o un teletrabajador se encuentra mal en España, lo habitual no es coger la baja. Solo el 5,4% se da de baja y desconecta por completo cuando enferma, y apenas el 10,5% pide algún tipo de baja.
Es la proporción más baja de los cuatro países de una encuesta reciente, y coloca a España en un grupo propio: el de quienes aguantan delante del ordenador. El 65,1% sigue trabajando de una forma u otra mientras está enfermo.
Los datos salen de una encuesta de Censuswide a 4.000 trabajadores en remoto de Reino Unido, Alemania, Italia y España, mil de ellos en España, encargada por la empresa de trabajo en remoto iGaming.com.
La lectura rápida parece buena: si se cogen menos bajas, la plantilla estará más sana.
La larga es otra. La enfermedad no ha desaparecido, se ha metido dentro de la jornada. La gente no deja de ponerse mala, deja de registrarlo.
El autónomo es el que peor lo tiene
Si hay un colectivo donde esto se nota, es el de los autónomos. Aquí el cálculo es frío.
Cuando coges la baja sigues pagando la cuota durante los primeros meses, y la prestación por incapacidad temporal no te abona nada los tres primeros días. Del cuarto al vigésimo cobras el 60% de la base reguladora, y solo a partir del día 21 subes al 75%.
Para quien factura por lo que produce cada día, parar una semana por una gripe es un agujero directo en los ingresos.
Antes de decidir si compensa parar conviene tener claro cómo funciona la prestación por incapacidad temporal del autónomo, porque la decisión rara vez es médica. Casi siempre es económica.
Lo que dice la política de bajas
La comparación entre países es la parte más reveladora, porque sigue a la regulación más que al carácter.
Los trabajadores alemanes, que cobran seis semanas al 100% del salario cuando enferman, son los que menos trabajan estando malos de los cuatro mercados, un 42,1%.
Donde dejar de trabajar supone una merma inmediata de ingresos, en cambio, la gente abre el portátil. Los españoles desconectan del todo durante la baja la mitad que los alemanes.
Esa relación entre lo que cubre el sistema y lo que hace la gente es el centro de una investigación sobre teletrabajo, enfermedad y bajas que ha medido a qué recurren los empleados cuando enferman. En España, la respuesta casi nunca es descansar.
Trabajar desde la cama no es descansar
El 17,2% reconoce que trabaja desde la cama cuando está enfermo, más que el 10,5% que pide algún tipo de baja.
Hay más gente respondiendo correos con fiebre desde la cama que gente cogiéndose el día para recuperarse. Ese coste no aparece en ningún parte: trabajo más lento, más errores, recuperaciones que se alargan y catarros que acaban en algo peor.
Y no es un problema del teletrabajo en sí. En la misma encuesta, el 57,3% dice que rinde mejor desde casa y solo el 6,5% peor.
El problema no es dónde se trabaja, sino una cultura que premia estar conectado y trata el día de baja como algo que hay que justificar.
Vigilancia y ascensos, la presión que no se dice
A esa cultura se suma la sensación de estar vigilado. España es el país más monitorizado del estudio: el 64,8% dice que su empresa controla de alguna forma su trabajo en remoto.
Y la vigilancia no reduce el presentismo, parece alimentarlo, porque el grupo más controlado es también el que más trabaja enfermo. Debajo hay un miedo más callado.
El 34,6% cree que ser menos visible para su jefe ya le ha costado un ascenso. Cuando notas que te miden por estar presente y no por lo que entregas, coger la baja se vive como un riesgo.
Aquí muchos pensarán en los titulares de absentismo, y con razón: el absentismo laboral rozó máximos históricos a cierre de 2025, con un 7,1% de las horas pactadas. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez.
Esa cifra solo cuenta la enfermedad que se registra como baja. La encuesta mide la otra, la que se trabaja desde el escritorio o la cama y nunca llega a un parte. Una sube mientras la otra se vuelve invisible.
Para los autónomos el aviso es doble. Sois el colectivo con menos red debajo y, a la vez, el que más fácil tiene seguir trabajando desde casa con cuarenta de fiebre.
Tener un pequeño colchón, saber de verdad qué cubre la prestación y normalizar parar cuando toca no es debilidad: es lo que evita que un resfriado de tres días termine en una baja larga.
Como resume el profesor Andreas Ditsche, consejero delegado de iGaming.com, «menos bajas ya no miden lo sana que está una plantilla, sino cómo se comporta cuando cambian las condiciones».
El día de baja no ha muerto. Se ha vuelto invisible, trabajado en silencio desde casa por quien siente que no puede permitirse parar.

