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¿Hay margen para emprender en el medio rural?

Actualizado el 21 de marzo de 2025

3 minutos de lectura

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El medio rural ha vivido, tradicionalmente, en desventaja respecto de  las zonas urbanas, donde la concentración demográfica y los sólidos flujos socio-económicos la han dotado de una situación mucho más favorable. A pesar de ello, nuestro medio rural ha gozado, durante años, de importantes beneficios e incentivos derivados, en gran parte, de los Fondos de Desarrollo Territorial Europeos. Éstos han permitido más facilidades para emprender en el medio rural y la creación de multitud de negocios, la mayor parte de ellos vinculados al turismo rural, concebido éste como una actividad complementaria al sector agrario, llegando a estar, este mercado, actualmente, saturado.

Junto al turismo rural, otras falsas gallinas de los huevos de oro, como todo lo relacionado con el patrimonio, la naturaleza o el turismo activo, recursos que iban a llenar hoteles y restaurantes y a atraer a miles de turistas, que nunca fueron tantos. Tan sólo un sector ha sabido y ha podido sacar provecho a los recursos endógenos que ofrece el medio rural: la industria agroalimentaria. Son muchas las áreas rurales que han desarrollado importantes sistemas productivos locales en torno a ella, como los relacionados con el sector vitivinícola, el oleícola o el chacinero, por nombrar algunos de ellos.

Pero, llegados a este punto, ¿Queda margen de maniobra? ¿Hay vida económica más allá del manido turismo? ¿Ahora que los fondos europeos y las ayudas están dando sus últimos coletazos, es viable invertir y emprender en nuestros pueblos? Las respuestas a todas estas preguntas no son fáciles, más cuando el concepto de rural es tan amplio y diverso. Tengamos en cuenta que, demográficamente, un municipio se considera rural cuando tiene menos de 10.000 habitantes. No es lo mismo emprender en un municipio de 200 habitantes, que en una cabecera comarcal de 8.000.

Cuanto más pequeño sea el municipio, menores serán los servicios e infraestructuras con las que cuente, al igual que su actividad económica será más decadente. En este caso, las opciones para el autoempleo y la creación de empresas son muy reducidas, más ahora que la utopía de una vida rural próspera y plena se ha esfumado con la palabrería y los buenos deseos, al igual que los gestores, expertos e investigadores (urbanitas todos ellos) que diseñaban y pregonaban, a bombo y platillo,  las numerosas bondades que ofrecía el medio rural.

Hoy, es casi misión imposible abrirse camino en entornos así. Solo la actividad agroalimentaria sigue gozando de cierto margen de maniobra, a tenor de las denominaciones de origen, la calidad y la exportación. La autenticidad de los sabores y la sutiliza empleada en los procesos de elaboración siguen alentando este nicho de mercado tan difícil de deslocalizar.

A su vez, la generalización de las nuevas tecnologías y la movilidad universal que ofrece Internet, abre una amplia esfera para el ámbito rural, a partir de la desconcentración de determinados servicios que, tradicionalmente, se han venido ofreciendo desde las ciudades. Hoy día, gracias a un dispositivo informático, fijo o móvil, y a una conexión a  Internet se pueden llevar a cabo multitud de tareas, que no precisan de una infraestructura determinada y que ni mucho menos necesitan circunscribirse a un espacio específico. Poco a poco se va acabando con la obligación de contar con un habitáculo fijo donde trabajar, pues, en muchos casos, las necesidades dotacionales son mínimas.

Están emergiendo, progresivamente, nuevas fórmulas como el teletrabajo o el coworking  que permiten una reducción de costes, al tiempo que incrementan la competitividad en los servicios prestados. En este sentido, el medio rural, con unas condiciones de vida mucho más económicas que en la ciudad, favorece una mayor optimización,  pues reduce, al mínimo, cualquier gasto derivado de la actividad y hace que el tiempo esté mejor aprovechado por la reducción espacio-temporal de las distancias.

Desde cualquier pueblo de nuestra geografía, siempre que dispongamos de una conexión decente a Internet, podremos estar en línea con clientes de todo el mundo. Son muy numerosas y diversas las herramientas de las que disponemos para ello. Tan solo es necesario seguir avanzando por un cambio de mentalidad y por creernos nosotros mismos que este modo de trabajar es posible y que es mucho más competitivo que cualquier otro.

¿Por qué perder tiempo en ir a la oficina si puedo trabajar desde casa? ¿Por qué perder dos horas, o más, en desplazamientos diarios y atascos, si puedo ocuparlas en pasear por el bosque o en jugar con mis hijos? ¿Por qué pagar un alquiler continuo para disponer de una oficina si existen numerosas opciones mucho más económicas y rentables para mí? ¿Por qué seguir cargando gastos fijos a mi cliente, cuando podría ofrecer un producto más barato?

El medio rural ofrece muchas ventajas en este sentido y abre un nuevo abanico de posibilidades para todos los emprendedores que busquen una forma más saludable y rentable de llevar a cabo su actividad.

Imagen | FreeDigitalPhotos

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David Sanchez Saez

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