Proveedores, cómo conseguir que cumplan con tus expectativas

¿A quién no le ha salido rana un proveedor?

A lo largo de mi trayectoria como emprendedora algunos de los que elegí resultaron ser auténticos piratas en lo suyo que lejos de sacarme del apuro en el que estaba, me metieron en un lío de tres pares de narices por decirlo finamente;-).

Con el paso del tiempo he aprendido algunas claves que me han ayudado a ir eligiendo cada vez mejor y lo que es más importante, a tener una relación profesional con ellos de lo más fructífera.

Por supuesto, nada de lo que te voy a contar es la panacea, y nunca estaremos exentos de equivocarnos, pero sí que seremos más ágiles a la hora de tomar decisiones y finiquitar relaciones profesionales que no nos llevan más que al abismo de las quejas y los malos rollos.

De entrada hay que tener muy clara la naturaleza de la relación que has de establecer con un proveedor porque, bajo mi punto de vista, es aquí donde radica la mayor parte de la cagada que puedes cometer.

Tipos de relación proveedor-cliente

Suelen ser 3 los tipos de relaciones que se pueden establecer:

1.- Yo mando y tú haces lo que yo te diga.

2.- Yo me desentiendo y tú sabrás lo que tienes que hacer.

3.- Somos un equipo y te hago partícipe de mis objetivos.

Si te das cuenta, al final es una cuestión de liderazgo de personas y tu proveedor no es más que alguien que trabaja para tu empresa igual que puede trabajar un empleado aunque por supuesto con evidentes diferencias, pero esas diferencias tienen más que ver con lo monetario y la jornada laboral que con el tipo de relación que has de establecer que es bastante similar.

Pero analicemos cada una de ellas para ayudarte a obtener algunas claves que espero te resulten valiosas en tu día a día.

Yo mando y tú haces lo que yo te diga

Vale, es una opción como otra cualquiera, pero cuando funcionas así te estás perdiendo que tu proveedor ponga toda la carne en el asador, tenga iniciativa y te sugiera cosas que puedan ayudarte a mejorar tu negocio.

Si te pones en su lugar, te darás cuenta de que acabarías funcionando como un robot, sin muchas ganas de hacer las cosas e incluso le darías más prioridad a otros clientes, porque no nos engañemos, cuando trabajamos a gusto con alguien tendemos a estar más atentos a ese alguien y somos mucho más productivos y colaborativos.

Yo me desentiendo y tú sabrás lo que tienes que hacer

Te confieso que mis grandes cagadas con proveedores han venido por aquí. Lo típico…algo que no controlas, que no te mola nada y que no tienes ningún interés en aprender lo primero que piensas, “¡¡¡a la porra, que me lo hagan y pago por ello!!!”.

En mi caso las consecuencias fueron desastrosas tanto en la operativa en sí que no me llevó a ninguna parte nada más que a tener quebraderos de cabeza y desviarme de lo que realmente tenía que hacer para avanzar, como en el bolsillo que se me quedó tiritando.

Ahora bien, esas cagadas me enseñaron que para elegir buenos proveedores tienes que conocer una buena parte de su trabajo, de lo que hay en el mercado y de lo que necesitas. Al final la clave está en saber un poco de todo y ser experto en lo tuyo y lo que te suene a chino pregunta y contrasta la información.

Te pongo un ejemplo: no es lo mismo decirle a un proveedor hazme una web, que describirle qué tipo de web quieres y qué quieres conseguir con ella con todo lujo de detalles. El proveedor si es bueno te ayudará a aclarar tus dudas y a acabar de perfilar tu idea inicial hasta dejarla “niquelá”, pero lo cierto es que cuanto más claro tengas qué demonios quieres y para qué mejor servicio te van a dar.

Si no haces ese ejercicio las probabilidades de que a por peras vayas y manzanas traigas se multiplican y lo mismo hasta acabas con algún melón de esos ya pasados, porque el riesgo de topar con uno de los piratas que comentaba al principio es más que elevado.

Además cuanto mejor conozcas el trabajo de tu proveedor y más interés muestres por aprender más motivado estará contigo. La empatía funciona siempre y en ambas direcciones.

Somos un equipo y te hago partícipe de mis objetivos.

Ésta es la forma que mejor me ha funcionado hasta ahora. Cuando involucras a tu proveedor en lo que quieres conseguir, le haces partícipe de los logros, valoras que gracias a su trabajo has conseguido tal cosa o tal otra, estás haciendo una cosa muy simple que a todos nos gusta y nos motiva: reconocer que nuestro trabajo es útil y sirve para algo.

Celebrar los éxitos con los proveedores para mí es clave y el tipo de relación que acabas estableciendo con ellos es de total confianza. Si eso lo acompañas de feedback mutuo y de buscar fórmulas que le faciliten su trabajo y el tuyo para ser más eficientes entonces ya no es que estés contento con tu proveedor, sino que el proveedor te pondrá en la lista de mejores clientes y te dará un trato especial.

Por último selecciona muy bien tus criterios de elección y no te bases en el precio como primera opción por dos razones:

  • Lo barato sale caro muchas veces
  • Lo muy caro no necesariamente tiene que ser lo mejor para ti.

¿En qué centrarte entonces? Ni más ni menos que en la propuesta de valor que te hagan, por lo tanto piensa muy bien lo que quieres para qué lo quieres. El Ferrari puede estar muy bien pero si sólo lo usas para ir a comprar el pan a la vuelta de la esquina probablemente con una bicicleta con un cestito en el manillar sea suficiente.

Contar con buenos proveedores es vital para el crecimiento de tu negocio por lo tanto primero busca el proveedor que te resuelve el problema y te genere confianza (si tiene referencias mejor que mejor) y después mira el precio para echar tus cuentas y valorar qué es lo que realmente te compensa.

Por lo tanto, si quieres que tus expectativas se cumplan, ten muy claras cuáles son las que quieres y comunícalas con la misma claridad a la persona que tienes delante (incluso por escrito) y evitarás sorpresas.

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Imagen: Freedigitalphotos.net

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