En tu día a día como autónomo o pyme es posible que hayas oído hablar sobre el “plan de acción” para pasar de la estrategia a los hechos.
Pero en el mundo de las entidades sin ánimo de lucro aparece otro documento con nombre parecido y un sentido muy distinto: el plan de actuación, que en muchos casos es una obligación formal frente a la Administración.
Para ayudarte a distinguirlos, te vamos a explicar para qué sirve cada uno, cómo se elaboran y en qué se diferencian.
Plan de acción de una empresa: para qué sirve y tipos
Un plan de acción es un documento práctico que convierte un objetivo en tareas concretas.
Su función es aterrizar el “qué queremos lograr” en un “qué vamos a hacer, quién lo hará y cuándo”.
Si eres autónomo o pyme lo puedes usar para organizar la ejecución, priorizar, asignar recursos y medir resultados.
¿Para qué sirve?
- Alinear al equipo (o a ti mismo, si eres autónomo) con un objetivo claro.
- Bajar a tierra una estrategia: marketing, ventas, operaciones, finanzas, RR. HH.
- Evitar la improvisación: define prioridades, secuencias y dependencias.
- Medir avances con indicadores (KPIs) y revisiones periódicas.
- Detectar riesgos y preparar planes alternativos.
Tipos de plan de acción más usados:
| Plan de acción comercial | Prospección, embudo de ventas, argumentarios, objetivos por canal. |
| Plan de marketing | Campañas, calendario de contenidos, SEO, publicidad, email marketing. |
| Plan operativo | Mejora de procesos, compras, logística, atención al cliente, calidad. |
| Plan financiero | Reducción de costes, mejora de márgenes, control de tesorería. |
| Plan de proyecto | Para lanzar un producto, abrir un local, implementar un software, etc. |
| Plan correctivo | Para solucionar incidencias (retrasos, reclamaciones, caída de ventas). |
Pasos a seguir para crear un plan de acción efectivo
Si quieres poner en marcha un buen plan de acción, puedes seguir esta hoja de ruta:
- Define el objetivo (con fecha y criterio de éxito). Mejor “aumentar un 15 % las ventas en 3 meses” que “vender más”.
- Haz un diagnóstico rápido como punto de partida. Datos de ventas, costes, conversión, tiempos, satisfacción, incidencias… lo mínimo para decidir bien.
- Elabora una lista de acciones y prioriza. Aplica una regla simple: impacto vs. esfuerzo. Empieza por “alto impacto / bajo esfuerzo”.
- Identifica a los responsables y los recursos disponibles. Quién lidera cada acción, con qué presupuesto, herramientas y horas disponibles.
- Crea un calendario e hitos. Acciones por semanas, dependencias (qué debe pasar antes) y fechas de control.
- Pon unos indicadores (KPIs). Ejemplos: leads/semana, tasa de conversión, ticket medio, margen, tiempos de entrega, NPS.
- Prepara un plan B ante posibles riesgos. ¿Qué puede fallar? ¿Qué harás si el proveedor se retrasa o el coste sube?
- Realiza un seguimiento y los ajustes necesarios. Revisión semanal o quincenal: mantener lo que funciona y corregir lo que no.
El plan de actuación: objetivos y características
El plan de actuación suele referirse a un documento propio de entidades sin ánimo de lucro (especialmente fundaciones) donde se anticipan objetivos y actividades del ejercicio siguiente, con información económica asociada.
En el caso de fundaciones, la normativa establece que el Patronato debe elaborar y remitir al Protectorado un plan de actuación en los últimos tres meses de cada ejercicio, reflejando los objetivos y las actividades previstas para el año siguiente.
Además, existen pautas oficiales que describen el contenido típico del plan: identificación de actividades (propias y mercantiles), gastos e ingresos previstos y otros indicadores que permitan evaluar después el grado de cumplimiento.
Las principales características de un plan de actuación son:
- Carácter previsional (lo que se planea hacer).
- Enfoque por actividades: qué se hará, a quién se dirige y con qué recursos.
- Vinculación económica: estimación de gastos e ingresos por actividad.
- Estructura más “formal” (modelo o formato exigido o aceptado por la Administración).
Plan de actuación: exclusivo para fundaciones y asociaciones
En el lenguaje empresarial, una pyme puede hablar de “plan de actuación” como sinónimo informal de plan de acción.
Pero en sentido normativo, el “plan de actuación” está muy ligado a fundaciones y a determinadas asociaciones:
- Fundaciones: tienen la obligación de elaborar y remitir el plan en el marco de la Ley de Fundaciones.
- Asociaciones declaradas de utilidad pública: existe un modelo de plan de actuación aprobado por Real Decreto, dentro del marco contable de entidades sin fines lucrativos.
¿En qué se diferencia un plan de acción de un plan de actuación?
Aunque suenen parecido, no son lo mismo. Las diferencias clave son:
Finalidad
- Plan de acción: herramienta de gestión interna para ejecutar objetivos (ventas, marketing, operaciones…).
- Plan de actuación: documento previsional, a menudo formal y regulado, para reflejar actividades y objetivos del próximo ejercicio en entidades sin ánimo de lucro.
Ámbito de uso
- Plan de acción: típico en autónomos y pymes de cualquier sector.
- Plan de actuación: típico en fundaciones y asociaciones de utilidad pública / ESFL dentro del marco normativo.
Contenido
- Plan de acción: tareas, responsables, plazos, KPIs, riesgos, herramientas.
- Plan de actuación: actividades previstas y estimaciones económicas e indicadores de cumplimiento.
Nivel de "formalidad"
- Plan de acción: formato libre (documento, hoja de cálculo, software de proyectos).
- Plan de actuación: suele seguir modelos, criterios y plazos vinculados a obligaciones de la entidad.
De esta forma, si eres autónomo o tienes una pyme, lo habitual es que uses un plan de acción para gestionar y ejecutar.
Mientras que si estás en una fundación (o una asociación en determinados regímenes), hablar de plan de actuación suele implicar un documento con unos requisitos y un enfoque específicos.

