La mujer autónoma y la igualdad de oportunidades

No he podido resistirme a dedicar uno de los temas de esta semana a los múltiples estudios y artículos que han salido a la luz estos días con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Conocemos de sobra la gran multitud de desigualdades en el terreno laboral de las que, en pleno XXI, las mujeres siguen siendo víctimas y, ni qué decir tiene, la crisis económica es un factor que ha agravado esta realidad.

De todo lo leído estos días acerca de la situación de las mujeres trabajadoras en nuestro país estos son los factores que más han llamado mi atención, ya que nos proporcionan una perspectiva bastante completa de las realidades que el mercado laboral español está propiciando:

  • El número de mujeres directivas en las principales empresas españolas continúa en aumento (de un 5,14% en 2008 a un 12,5% actual), sigue estando muy alejado del número de hombres que ocupan puestos similares.
  • La crisis económica se ceba principalmente con las mujeres, sobre todo porque conjugar vida laboral y familiar cada vez resulta más complicado para ellas. Recortes en servicios sociales (por ejemplo, la paralización de la Ley de Dependencia) o la tendencia al trabajo a tiempo parcial (que cuenta ahora con el beneplácito de la Reforma Laboral) dificultan mucho más la tarea para la mujer que quiere trabajar.
  • La cara positiva de esta realidad viene de la mano del autoempleo. Desde 2008 alrededor de un tercio de las microempresas creadas en nuestro país lo fueron de la mano de mujeres. Antes de esa fecha el porcentaje era del 20%.
  • Muchas mujeres autónomas afirman decantarse por esta fórmula de trabajo porque les permite una mayor conciliación con su vida familiar y huir de otro de los grandes problemas con el que todavía se encuentran al trabajar por cuenta ajena: la desigualdad salarial.
  • El empleo autónomo femenino en 2011 tuvo un comportamiento más positivo que el de hombres. Únicamente el 5% de los trabajos que se perdieron en este sector el año pasado fueron femeninos.
  • España tiene más trabajadoras autónomas que la media europea, con un 32,6% frente al 30,9% de la media comunitaria. Nuestra tasa de mujeres emprendedoras es superior a la de Bélgica, Francia o Alemania.

Aunque muchos de los datos aportados invitan al pesimismo sin lugar a dudas debemos quedarnos con la nota positiva: el crecimiento constante de emprendedoras en nuestro país desde 2008.

Aunque es cierto que por cada dos autónomos varones en España hay una trabajadora por cuenta propia ellas parecen resistir mejor los envites de la crisis y parecen haber encontrado en esta fórmula empresarial una buena clave para conciliar mejor y sentirse reconocidas justamente por su trabajo.

Desde el blog de Infoautonomos tratamos a menudo la cantidad de complicaciones a las que los trabajadores autónomos nos vemos sometidos a la hora de iniciar, desarrollar y expandir nuestra actividad empresarial. No es difícil imaginar que dichas trabas deben convertirse en situaciones mucho más complejas para las mujeres que quieren convertirse en emprendedoras.

Ser autónomo supone ser el jefe de uno mismo, pero también dedicar muchas más horas (más incluso de las del “horario de oficina” o comercial) en poner en marcha nuestro negocio. Esta realidad, en muchas ocasiones, también impide conciliar. Este es sólo un factor, entre otros tantos, que puede suponer un freno para que mujeres con excelentes ideas de negocio tomen la decisión final de emprender.

Debemos ser conscientes de que impulsar el trabajo autónomo femenino en nuestro país es una cuestión de trabajo colectivo, como sociedad; ya que como sociedad nos beneficiamos de los puestos de trabajo que estas autónomas podrán crear en un futuro. En espacios como el de Infoautónomos queda latente que la mujer española quiere arriesgarse y se anima a emprender cuando se siente respaldada socialmente.

Es por ello que no debemos descuidar a nuestras autónomas, a las presentes y a las futuras. Con la crisis económica corremos el riesgo de que, como ya ocurrió anteriormente en el siglo XX, la mujer se vea obligada a volver al hogar a ocuparse de las tareas y la familia, dejando de lado su crecimiento profesional. Políticas sociales de conciliación, ayudas al emprendimiento femenino y otras medidas de justicia y equidad social se evidencian

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